Las Flores del Insomnio

 

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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004.

03/12/2004

Anatomía del amor

Quizá tampoco tuviera mucha experiencia al respecto, pero por lo que podía observar, el sexo de una mujer es su reflejo. El sexo de Sophie era complicado, como complicada era ella, como compleja, rara fue nuestra relación. También tal vez lo era por mi inexperiencia, el caso es que siempre fue un poco díficil localizar todos los puntos de ese enigmático mapa. El sexo, en cambio, de Lidia, era sencillo, como sencilla era ella, como fácil fue nuestra relación: libre, sin compromiso, sin complejidades que abarcaran un futuro incierto. Lidia era otro mundo diferente a Amelia o Sophie. Era joven, y aunque la brillantez de su inteligencia -de su eterna fascinación por la arquitectura- la hacía más atractiva, lo que más me atrajo de ella fue su jovialidad, su vitalidad, y -quizá- su inmadurez, alguien con quien hablar, ya no de trabajo, ya no de carreras y facultades, de investigaciones y artículos, de congresos, de filosofía o metafísica, sino de mangas, de videojuegos, de tonterías.

Me miraba con unos ojos de diosa. Su sonrisa era eterna, y tan franca, tan sorpresiva, que a veces no llegaba a explicármela. Cuando en la cama buscaba su placer, su mirada se diluía, su cuerpo se licuaba en el mío. De los días que pasé con ella, mi más grato recuerdo es esa mirada, en la cama, el cuerpo desnudo; esa mirada enturbiada por el placer.
03/12/2004 00:20 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

08/12/2004

Mi vida como laberinto

El cruce de Lidia en mi vida fue interesante, reconfortante hasta cierto punto. Pero no es lo que quiero. Maldita sea mi vida, quiero retroceder en el tiempo un año, quiero volver a empezar, quiero otra oportunidad, quiero volver a la felicidad otra vez, maldita sea...
08/12/2004 16:09 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

15/12/2004

Apuntes en la cama

Leo "Fuera del tiempo", veo "Lost in translation", descubro fotografías olvidadas en una carpeta perdida de un cd-rom. Y volvéis a mi memoria. Sophie, tú, desnuda, durmiendo sobre la cama, es como si pudiera tocar tus labios, tu pelo, tu piel. Aprendí tu cuerpo de memoria, y después, el de Lidia, en comparación, me parecía extraño. Es como si pudiera meterme en la fotografía y acariciarte donde estabas: por un instante, se me ofrecía a la memoria un refresco visual de lo que durante dos meses ha sido un ideal sepultado por el teléfono.

Con Scarlett Johanson, y el universo independiente que es esa película, rememoro a Amelia, y a su cuerpo obtenido pero no tenido, y, mientras escribo, no puedo evitar sonreír ante la ironía de que en las dos se dio primero una no-tenencia parcial y después una des-tenencia total. De diferente forma, pero de igual modo. Y quien no me tuvo a mí fue Lidia.

Amelia se repite en los ecos de Scarlett. Estudio sus facciones, sus ojos, sus labios, su pelo, y llego a la conclusión de que es la nariz, así como cierta carnalidad de los labios lo que las acerca, una especie de belleza distraída. Veo ese contorno moverse y evocar lo poco que pude abrazarla, lo poco que fue -lo que poco que ha sido de todo el mundo, pues, aunque haya pasado el tiempo, y su figura aún me fascine, no he de olvidar lo que es, una quimera sin más voluntad que destruirnos y destruirse a través de la traición- de nosotros, ese culo, esas piernas, y entiendo que el tiempo está haciendo que las asimile y que cree a una tercera mujer que realmente no existe y que no será mía jamás, y, al mismo tiempo, será mía para siempre. Tal es el poder de la memoria, de la palabra, del poeta. Pero es acaso un poder sumamente cruel con su propietario.

Lidia era otra forma de ver las cosas, era muy guapa (guardo esa foto donde no tiene más que 16 o 17 años, y creo que lo que he amado de ella ha sido ese ideal), quizá un poco sobrada de talle para mí, lo reconozco, pero sus ojos y su risa eran encantadoras. Era otra forma de ver las cosas, más sencilla, más despreocupada: el mejor ejemplo de que siempre se puede aprender algo de alguien más joven. Quizá seguí demasiado el juego, quizá no me di cuenta hasta más tarde, lo cierto es que aquello no acababa de ir conmigo, tal vez porque el patrón, la mesura, el rasero que ponía yo a una relación era que me llenase como Sophie lo hizo, y eso Lidia no podía hacerlo de ninguna manera. Ésa era la causa y a la vez el error de todo el procedimiento, porque la sombra de Sophie seguía planeando sobre mi vida, aunque había pasado medio año, y yo había pasado por mejores y peores temporadas.

Y después estaba el tema de la inspiración, volatilizada totalmente desde hacía meses. De ella sólo quedaba el ánimo de seguir escribiendo febrilmente, para sobrevivir, para dar testimonio, para escapar, para encontrar la salvación, todo al tiempo. Pero la Musa se había marchado. ¿Cuándo volvería?
15/12/2004 10:09 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

19/12/2004

You are the sign of my unrelief

Cuando la ansiedad volvió a oprimirme los pulmones, como si el peso invisible de una desdicha ignota me impidiera respirar; cuando me di cuenta de que en mi mesilla de noche había más medicamentos -aspirinas, calmantes, biorrelajantes, antibióticos, analgésicos, pomadas, caramelos- que libros o cualquier otra cosa, vi que había algo que se había roto de nuevo dentro de mí.
19/12/2004 12:01 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

22/12/2004

[Aviso a navegantes]

Dentro de poco terminaré este blog y empezaré un tercero, y esto habrá terminado siendo una trilogía publicada en red. Primero fue Jardín de Ruinas (http://blogia.com/jardinderuinas), estas Flores del Insomnio, y finalmente un tercer blog del que os daré la dirección a los que estáis enlazados abajo o quien me pida la dirección por mail o en un comentario.

Gracias por la atención.
22/12/2004 00:46 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

25/12/2004

Psicología de a pie

Es curioso. Las mujeres buscan un hombre al que respetar, al que admirar, que sientan que las puede proteger. Pero luego son ellas las que mandan, las que llevan la sartén por el mango. Los hombres quieren a una mujer a la que puedan proteger, que sientan suya, pero en el fondo luego son ellos los que no son nadie sin ella.
25/12/2004 00:06 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

27/12/2004

Permanently fill this hollow

Se hacían las 3 de la mañana delante del monitor, veía su carra borrosa en la pantalla, desdibujada por el recuerdo, o quizá por los píxels y la mala calidad de la señal de la cam. ¿Por qué insistía en recordar lo que había pasado si no había intención de recuperarlo? Ya me bastaba yo solo para vivir entre las ruinas de mi inteligencia. Algunas preguntas se agolpaban en mi mente mientras seguía allí, en el frío, delante de la pantalla. ¿Por qué estoy hablando con ella? ¿Qué hago yo aquí? ¿A qué viene esto ahora? ¿Me estará tomando el pelo? ¿Quiere algo de mí? ¿Se ha quedado sin pareja y ahora mi recuerdo vuelve a ella? ¿No habíamos quedado en que había que pasar de ella? ¿Vale la pena perder una amistad por un fracaso? ¿Era sexo lo que necesitábamos? ¿Me está vacilando -oh, espera, eso ya me lo he preguntado, pero es que es de cajón-? ¿Es la estación o es la soledad? ¿Tenía razón mi X cuando me decía lo que me decía esa tarde?
Las mujeres siempre son un gran interrogante, y ese enigma es a la vez la respuesta a todas las preguntas.
27/12/2004 03:07 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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